La ley de orientación agrícola del 24 de marzo de 2025 cambia las reglas de la incorporación a la agricultura campesina. Con la creación prevista de France Services Agriculture el 1 de enero de 2027, cambia la naturaleza del proceso de acompañamiento a quienes ponen en marcha un proyecto y a quienes ceden sus explotaciones: ya no se trata solo de validar un plan económico, sino de integrar la viabilidad social, medioambiental y climática desde la fase de asesoramiento.
Este marco modifica directamente las condiciones de acceso a la profesión para quienes no proceden del mundo agrícola.
France Services Agriculture: qué cambia con la acreditación de las entidades de asesoramiento
El dispositivo se basa en un punto de atención único por departamento, encargado de orientar a quienes desean instalarse y a los titulares que ceden sus explotaciones hacia entidades acreditadas. La acreditación amplía las funciones de los organismos de asesoramiento respecto a los dispositivos anteriores.
Las entidades acreditadas deberán abarcar la evaluación de competencias, la formación y la elaboración del plan económico, pero también la consideración de los riesgos relacionados con el cambio climático. Para las explotaciones campesinas, a menudo basadas en la diversificación y la autonomía en la toma de decisiones, este requisito climático no es meramente cosmético: obliga a formalizar estrategias de adaptación que muchas ya aplicaban sin documentarlas.
En este texto observamos un cambio significativo. El acompañamiento para instalarse en el sector se convierte en un servicio público estructurado en red, cuando hasta ahora dependía de una red asociativa y consular desigual según el territorio. El efecto real dependerá de su aplicación local, pero la señal política es clara: la transmisión de las explotaciones agrícolas deja de ser un asunto privado.
Los sectores campesinos que siguen estos cambios normativos encontrarán análisis detallados en las noticias de Paysans.org, especialmente sobre las modalidades de acreditación en cada región.

Agricultura ecológica en Francia: un retroceso que no afecta a todos los territorios por igual
La agricultura ecológica atraviesa una fase de contracción. En Borgoña-Franco Condado, el balance regional señala un tercer año consecutivo de descenso de la superficie certificada, con dificultades especialmente acusadas en la ganadería.
Este retroceso no se manifiesta de la misma manera en todas partes. Los productores campesinos que venden a través de canales cortos sufren menos la presión de que las grandes cadenas de distribución retiren sus productos, pero sí acusan la pérdida de poder adquisitivo de su clientela directa.
Para las explotaciones campesinas, la cuestión no es si la certificación ecológica sigue siendo pertinente. Se trata de saber si pueden mantener precios remuneradores cuando la demanda se estanca. Las explotaciones diversificadas (horticultura, ganadería a pequeña escala, transformación en la propia explotación) absorben mejor el impacto que las estructuras especializadas en grandes cultivos ecológicos, más expuestas a los precios de los mercados mundiales.
Transmisión de las explotaciones agrícolas y relevo generacional
El relevo generacional sigue siendo el principal punto de tensión estructural del mundo rural francés. La pirámide de edades es bien conocida, pero lo que está cambiando es el perfil de quienes aspiran a instalarse. Una proporción cada vez mayor no son hijos de agricultores. Proceden de reconversiones profesionales y tienen otras expectativas en cuanto a calidad de vida, carga de trabajo y sentido de la producción.
La agricultura campesina atrae a estos perfiles en reconversión porque ofrece un modelo a escala humana, basado en la autonomía y la diversificación, en lugar de en la ampliación de las explotaciones. El principal obstáculo no es la motivación ni la formación: es el acceso a la tierra. La concentración de tierras en explotaciones cada vez mayores reduce el número de fincas que pueden transmitirse a proyectos de pequeña o mediana escala.
La ley de orientación agrícola intenta responder a este bloqueo orientando mejor a quienes ceden sus explotaciones hacia las entidades de acompañamiento. Queda por ver si las Safer y las administraciones territoriales apostarán por una regulación del suelo favorable a la incorporación de nuevos agricultores campesinos, mientras que las regiones denuncian la retirada de la financiación estatal de las políticas agrícolas territoriales.

Soberanía alimentaria y canales cortos: más allá del discurso
La soberanía alimentaria se ha convertido en un término comodín de la política. En la agricultura campesina, el concepto tiene un significado preciso: la capacidad de un territorio para alimentar a su población con productos locales, en condiciones sociales y medioambientales aceptables. No es un eslogan, sino un pliego de condiciones.
Los canales cortos (venta directa, AMAP, mercados de productores) son la vía de distribución natural de la producción campesina. Su desarrollo se enfrenta a tres límites concretos:
- La logística de la última milla, que sigue siendo artesanal y requiere mucho tiempo para las explotaciones pequeñas que no comparten los repartos
- La estacionalidad de la oferta, que cuesta entender a consumidores acostumbrados a encontrar productos disponibles todo el año en las grandes superficies
- La falta de herramientas digitales compartidas adaptadas a las necesidades de los productores campesinos, que tienen que gestionar a la vez plataformas de pedidos, control de existencias y facturación
La tendencia observable es la profesionalización progresiva de estos canales. Los colectivos de productores invierten en plataformas logísticas compartidas, herramientas de gestión comunes y puntos de venta colectivos. Esta estructuración es necesaria para pasar de un mercado de nicho a una red alimentaria territorial sólida.
Datos climáticos y adaptación de las prácticas agrícolas campesinas
Las olas de calor y las sequías recurrentes de los últimos años han puesto de manifiesto una ventaja estructural de las explotaciones campesinas diversificadas. Una explotación que cultiva una decena de variedades de hortalizas, cría algunos animales y mantiene setos o árboles distribuye mejor los riesgos ante los fenómenos climáticos extremos, mientras que una explotación especializada puede perder la mayor parte de sus ingresos por un solo episodio.
La agricultura de conservación del suelo (cubiertas vegetales permanentes, laboreo reducido o nulo, rotaciones largas) encaja de forma natural con las prácticas campesinas. La cobertura permanente del suelo reduce la evaporación y aumenta la reserva de agua disponible, dos parámetros que se han vuelto críticos. Estas técnicas no son nuevas, pero su adopción se acelera por la presión climática, incluso en explotaciones que no se identifican con la etiqueta campesina.
El reto para los próximos años es producir y compartir datos agronómicos locales. Las explotaciones campesinas, a menudo alejadas de las redes de investigación convencionales, podrían beneficiarse de contribuir a bases de datos territoriales sobre variedades resistentes, fechas de siembra adecuadas y asociaciones de cultivos eficaces ante las nuevas condiciones climáticas, y de utilizar esos recursos.
El marco normativo, las dinámicas de transmisión, la reestructuración de los circuitos alimentarios y la adaptación climática convergen en una misma conclusión. La agricultura campesina en Francia ya no se define únicamente por oposición al modelo productivista. Está creando sus propias herramientas institucionales, logísticas y agronómicas, bajo una presión de tiempo que el clima impone ahora a todos.



